domingo, 31 de marzo de 2013

26. LOGROÑO. ANTIGUAS ESCUELAS TREVIJANO



Aunque de boquilla la gente diga que la belleza es un asunto subjetivo, lo cierto es que algunas veces parece que intuyen por lo bajo que no es verdad, porque de lo contrario no se entendería tanto empeño en la restauración o, en su hermana menor, la rehabilitación. Viendo lo feo que es todo lo que se hace nuevo, hasta las instituciones se enorgullecen de restaurar y rehabilitar lo viejo como si con eso parásemos el desmoronamiento general. Pero la fealdad ha calado ya tan hondo en las formas de hacer, que el espectáculo de las restauraciones es aún más deprimente que la propia novedad porque no se restauran los patrones con que se hicieron las cosas antiguas sino que se mal restauran las fachadas de aquello que se pretendía conservar convirtiendo lo bello y hermoso en una mascarada de sí mismo. Fíjense si no para qué sirven las ventanas de esta vieja escuela rehabilitada, o la de chismes desarticulados (barandilla de acero inoxidable, ventanas de la vergüenza (véase aquí el concepto), farolones fernandinos, fuente cubista, banco diagonal "de diseño", alta tecnología para alquilar bicicletas, zona verde en curva...) que ocupan ahora su patio de recreo.